No quiero una presentación formal ni tampoco una informal. Mucho menos quiero una carta de intenciones que trate de explicar lo que soy o lo que hago aquí. No quiero siquiera definir lo que quiero que pase entre nosotros, sino que tus sentidos lo entiendan. No me conoces y ésta es la primera vez que me lees.
Lo que debes saber de mí es que no me gusta que se me nombre por lo que no soy. ¿A quién sí? Las etiquetas sólo me gusta verlas en las tiendas. Soy más partidaria de los mensajes cifrados que se dejan los habitantes de una casa que se evitan. Me gusta el misterio y quiero que aprendas a confiar en mí sin tener la certeza de que te estoy hablando en serio. Piensa que es un juego entre extraños, porque eso es lo que es. Hay pocas cosas tan místicas como el choque entre dos personas que se acaban de descubrir y que no saben todavía lo que pueden esperar el uno del otro (y si eso va a doler).
El lenguaje es algo serio que se banaliza en todos los escaparates, día tras día, prostituido por menos de lo que cuesta mentir a la cara. Por este motivo, prefiero esconderme tras todos los textos que voy a reunir aquí, porque soy valiente y prefiero contar la verdad mirando a los ojos y llegando al corazón, que vender un engaño desalmado cara a cara, frente a frente.
No soy un político, soy como tú, y quiero hacerte sentir algo mientras me lees. Quiero que me veas, que me disfrutes, y que alguna vez llegues a hacerme el amor con la mirada. El sonido de un alma que quiere comunicarse es igual de intenso que el amor, pero mucho más fuerte que el eco y, a diferencia de éste, su sonido nunca se apaga.
B.
B.
viernes, 21 de marzo de 2014
0 comentarios: